ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

EL CONTEXTO DE LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

Según la OMS, se calcula que en 2012 murieron 17,5 millones de personas por enfermedades cardiovasculares lo cual representa el 30% de las defunciones registradas en el mundo. De esas defunciones, aproximadamente 7,4 millones se debieron a cardiopatías coronarias, y 6,7 millones a accidentes cerebrovasculares. Desde ahora hasta 2030, casi 23,6 millones de personas morirán por alguna enfermedad cardiovascular, principalmente por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Se prevé que estas enfermedades sigan siendo la principal causa de muerte.

La enfermedad cardiovascular determina en España aproximadamente el 32% de todas las causas de muerte. Además, cerca del 50% de estas muertes se registran en personas menores de 70 años (período más productivo de la vida) y cerca del 80% de la ECV ocurre en este grupo de edad. El impacto demográfico, sanitario, social y laboral de la ECV se verá incrementado en las próximas décadas por el envejecimiento de la población y los cambios en el estilo de vida.

Se entiende por enfermedad cardiovascular (ECV) una alteración de los vasos sanguíneos cardíacos, periféricos, cerebrales, del funcionamiento del propio corazón o del funcionamiento de los vasos y corazón en conjunto. La mayoría de enfermedades cardiovasculares pueden relacionarse con la Ateromatosis y Aterosclerosis, dos términos que designan la aparición de depósitos de colesterol en las arterias (placas) y la alteración funcional que éstas provocan en la pared vascular, respectivamente.

Algunos ejemplos de ECV son:

  • Infarto de miocardio
  • Cardiopatía isquémica
  • Insuficiencia cardíaca
  • Miocardiopatía dilatada e hipertrófica
  • Arritmias y muerte súbita secundarias a infarto de miocardio
  • Enfermedad vascular cerebral (EVC): Accidente vascular cerebral (AVC) permanente o transitorio (Ictus, infarto cerebral, apoplejía) y ciertos déficits neurológicos
  • Enfermedad vascular periférica (EVP): inflamación, embolismo, trombosis, estenosis o aneurismas de los vasos arteriales periféricos y arteria aorta.

El desarrollo de una ECV no es un fenómeno súbito, sino que se desarrolla de manera continuada, lenta, en un proceso largo y, lo peor de todo, generalmente sin dar síntomas hasta llegar a una fase avanzada.


COLESTEROL, LIPIDOS Y ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

Desde que se publicó en 1972 la validación de cómo medirlo, el colesterol ha sido, y es, la medida estandarizada de objetivo terapéutico, control evolutivo y elemento de determinación de riesgo en la ECV.

Actualmente, el colesterol LDL (c-LDL) es el factor lipídico principal y más importante que se utiliza de forma rutinaria para diagnosticar una dislipemia y determinar el riesgo cardiovascular de un individuo. Al colesterol se le atribuye el 50% del riesgo de ECV considerado como factor individual independiente, de ahí su gran importancia.

Cuando el colesterol viaja por la sangre no lo hace solo, lo hace unido a unas partículas llamadas lipoproteínas que circulan en función de unos patrones determinados de tamaño y composición, siendo éstos patrones individualizados, variables y dependientes de múltiples factores. Los factores de riesgo cardiovascular pueden afectar al tamaño, número y composición de las partículas, determinar un patrón específico y con ello incrementar el riesgo cardiovascular.

Para valorar correctamente el riesgo cardiovascular hay que conocer el número y el tamaño de las partículas de lipoproteínas que transportan el colesterol, y no solo su contenido lipídico o concentración de colesterol, ya que dos personas con la misma concentración de colesterol pueden tener patrones con número y tamaño de partículas de lipoproteínas diferentes y, por tanto, diferente riesgo de ECV.


EL COLESTEROL Y EL RIESGO CARDIOVASCULAR

Es conocido que un alto porcentaje de los individuos con ECV presenta y ha tenido siempre niveles de c-LDL normales. En este sentido, hay estudios que demuestran que el 50% de los sujetos que sufren un accidente cardiovascular tiene niveles de c-LDL saludables (c-LDL<100 mg/Dl). Por tanto, las pruebas de lípidos estándares proporcionan una información predictiva poco precisa del riesgo de ECV

Es importante el estudio de la distribución de las partículas de colesterol porque éste juega un papel muy importante como factor de riesgo individual de ECV: el 50% del riesgo de ECV se atribuye a alteraciones del perfil de lípidos. Los test avanzados de lipoproteínas muestran los patrones de distribución de las partículas, su número y tamaño y usan para el cálculo individual del riesgo CV valores distintos de la concentración tradicional de colesterol LDL.

Un elevado número de partículas LDL (p-LDL) con un predominio de la subclase LDL pequeña sobre la subclase LDL grande define un patrón que incrementa dramáticamente el riesgo de padecer ECV y sin embargo pasa desapercibido por las escalas tradicionales de estimación de riesgo. Es por ello que ya existen guías clínicas que recomiendan la determinación del tamaño y el número de p-LDL, más allá de su contenido de colesterol, para fijar objetivos terapéuticos, aunque también para evaluar el riesgo cardiovascular de un paciente o valorar la eficiencia de los diversos tratamientos prescritos.

No debemos olvidar los otros factores que, por si solos o asociados a la dislipemia, incrementan el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular. Dichos factores alteran la homeostasis (equilibrio) del organismo y facilitan el depósito de colesterol desde las partículas que lo transportan hasta la pared vascular, hasta generar una ECV.

Hay algunos factores de riesgo que indiscutiblemente son inherentes al individuo, como el sexo, la edad, ser de raza caucásica o negra, algunos defectos congénitos, los antecedentes familiares de ECV y enfermedades genéticas o relacionadas con la enfermedad cardiovascular (como por ejemplo la hipercolesterolemia familiar).


CONOCER Y CONTROLAR TODOS LOS FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR

La OMS estima que muchos factores de riesgo provienen de causas controlables:

Las causas más importantes de cardiopatía y AVC son una dieta malsana, la inactividad física, el consumo de tabaco y el consumo nocivo de alcohol. Los efectos de los factores de riesgo comportamentales pueden manifestarse en las personas en forma de hipertensión arterial, hiperglucemia, hiperlipidemia y sobrepeso u obesidad. Estos “factores de riesgo intermediarios”, que pueden medirse en los centros de atención primaria, son indicativos de un aumento del riesgo de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones.

Está demostrado que el cese del consumo de tabaco, la reducción de la sal de la dieta, el consumo de frutas y hortalizas, la actividad física regular y la evitación del consumo nocivo de alcohol reducen el riesgo de ECV. Por otro lado, puede ser necesario prescribir un tratamiento farmacológico para la diabetes, la hipertensión o la hiperlipidemia, con el fin de reducir el riesgo cardiovascular y prevenir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Las políticas sanitarias que crean entornos propicios para asegurar la asequibilidad y disponibilidad de opciones saludables son esenciales para motivar a las personas para que adopten y mantengan comportamientos sanos.

También hay una serie de determinantes subyacentes de las enfermedades crónicas, es decir, “las causas de las causas”, que son un reflejo de las principales fuerzas que rigen los cambios sociales, económicos y culturales: la globalización, la urbanización y el envejecimiento de la población. Otros determinantes de las ECV son la pobreza, el estrés y los factores hereditarios.”

Todos estos factores son conocidos como factores de riesgo clásicos en la ECV.


EVALUACION DEL RIESGO CARDIOVASCULAR DE MODO INDIVIDUALIZADO

Es recomendable consultar a un médico o profesional sanitario sobre la conveniencia de evaluar el riesgo cardiovascular individual. Hay múltiples sistemas y modelos de evaluación de riesgo cardiovascular diseñados por sociedades científicas tanto europeas como americanas. La medición de partículas de colesterol (p-LDL) en lugar de la concentración de colesterol (c-LDL) es una prueba de alta precisión, novedosa en Europa, que sirve para clasificar el tipo de alteración de los lípidos y del colesterol de un individuo, sirve como base para fijar objetivos terapéuticos individualizados y como evaluación del cumplimento de una terapia específica prescrita en el control de una dislipemia con un objetivo claro: disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Basado en estas premisas, los pacientes que mejor podrían beneficiarse de un test avanzado de lipoproteínas podrían ser:

  • La población general al cumplir los 45 años para valorar el perfil real básico y controlar la evolución y variación del perfil lipídico cuando incidan futuros factores de riesgo.
  • Cualquier persona con 3 o más factores clásicos de riesgo cardiovascular.
  • El paciente con triglicéridos altos y otra alteración lipídica u otro factor de riesgo clásico.
  • El paciente con colesterol LDL alto y otra alteración lipídica u otro factor de riesgo clásico.
  • El paciente con c-HDL bajo
  • El paciente con diagnóstico inicial de hiperglucemia crónica.
  • Cualquier paciente con Insuficiencia renal crónica (IRC) en prediálisis
  • 1 vez al año a los pacientes en tratamiento hipolipemiante, hipoglucemiante o IRC
  • Personas que tengan riesgo en su trabajo o de los que dependen terceros que se verán afectados por dicho riesgo, como prevención adicional del riesgo laboral.